viernes, 5 de julio de 2013

Animales de costumbres.


Me juegas a una banda, estrecha y cálida. 
No quiero tener que adivinar tus futuros movimientos, 
pero me ahogo en el ansia de saber que es lo próximo que me espera. 
Te espero.
Yemas que me regalan el primer sentido de sus dedos índices,
te sigo y me duermo.
En la esquina más pequeña de mi cuello, 
ahí hay para ti un hueco.
Cosquillas que gritan palabras de amor que no saben bailar,
entonces mis discursos se tropiezan.
Seguirá el duelo de sábanas que no duermen,
pero no porque no puedan, no quieren.
Te olvidas, me olvidas y yo sin quererlo,
te recuerdo.
No he memorizado tu letra todavía,
me niego a que las curvas se alimenten de mi otra vez.
No quisiera intentarlo,
pero me da más miedo quedarme sin probarlo.



Aposté por el choque y no hubo apenas contacto,
como cuando las distancias se vuelven éticas y eróticas.

lunes, 1 de julio de 2013

La nobleza que brilla.

Quería despedir a Junio con una mano, pero lo hice con dos, con las palmas bien abiertas.
Utiliza el arte de leer entre lineas, que lo poseeis muy pocos. Tú lo tienes y te lo regalo para siempre.
Sucedió que la fuerza del choque fue más fuerte que el propio impulso, ten tenaz y dulce.
Como cuando el vaivén de un péndulo hace que la inercia se convierta en su mejor enemigo.
Ese juego entre cuerpos que aleja y acerca lo que tan sólo un imán puede sujetar, sin que se caigan.
Natural como cuando se duerme y se respira, como cuando uno muerde y no sabe porque.
Que vehemente la intención, que sin quererlo se delató en las horas más oscuras.
Si no se cerró la puerta debe ser que el aire quiso salir corriendo, sin dar más explicaciones.
Se que no puedo dar ninguna certeza correlativa, sería tan valiente afirmarme verdadera.
Después de bailar sobre los mismos añicos de arena mil veces, paré sin argumento a ratos los pies.
Esencias que no se conocen ni se tocan, partículas de aire que son magia y se besan sin boca.



Fue de algún modo una sorpresa, agria, dulce, acerbada, sumisa y vergonzosa.