jueves, 22 de agosto de 2013

El lábaro estival.


Descubierta arañando el oblicuo universo que a oscuras pretendes memorizar.
La inexplicable fuerza centrífuga de tu interior, esa que te hace bailar cuando no hay motivos para ello.
Transparente intención que susurra alternativas si crees que todos duermen.
Peligrosa capacidad para extrapolar las situaciones más simples, como un circo de pulgas.
Muerdes condescendiente, juraría que a veces demasiado.
Sonríen tus labios, los mismos con los que besas al aire si sueñas templado.
Que descanse tu facultad de recordar, distraída y revoltosa, ligeramente estropeada.
Espectadores de lo ajeno, a veces la fuente objetiva que tanto necesitas. 
Historias equívocas que juegan a convertirse en la verdad más hábil. Y tú tan torpe.
Versión dulce y cáustica de ti misma, sigues sin dormir cuando más te apetece.
Disimulas bien los fallos, aunque no por mucho tiempo, eres de hoja frágil y caduca. 
Con extremo cuidado analizas, sin saber la teoría a la que estas adscrita. 



Has tardado dos tercios de la etapa incandescente para creer darte cuenta de algo,
ahora sólo queda saber si vas a continuar con la misma certeza el tiempo necesario.