martes, 24 de septiembre de 2013

Garabato en forma circular.


La imposibilidad del enfado lo empeora todo. 
Se remueven mis entrañas más dulces en direcciones opuestas.
Ambiguos equinoccios que quieren cogerme de la mano.
Me revuelvo como si evitará la opción de anestesia local.
Constante aprendizaje unilateral, sin viceversa.
Pésima autodidacta en busca de alguna que otra lección.
Me espío en el espejo y parezco demasiado callada, un poco cobarde.
Presumiendo de que se tanto, sin apenas haber disfrutado.
Rallajos de una época supuestamente desapercibida, aérea.
Recursos escasos para una mecánica líquida.
Desfile torpe y estudiado para andar caminos de puntillas.
Insistente corrección de lo que parece un hábito ineludible.
Condicionamiento ajeno de mis costumbres más propias.


Siempre me la juega, mi naturaleza visceral.

lunes, 9 de septiembre de 2013

"Le vent venant"


Hoy no te quiero contar nada.
Me cuidaré en las yemas verdades explícitas.
Discuten, mis ojos y mis hombros.
Será porque observo y bailo a la vez.
Sin sabor, el sudor de la segunda siesta.
Se escurre en la nuca con clase cosaca.
Calculando la mecánica improvisada.
Para que todo parezca cogernos por sorpresa.
Ciclos del sueño que nunca se ponen de acuerdo.
He visto que has puesto los relojes en hora.
Certezas que queman sólo si las sabes.
Y cuando no, te hierven en las venas.
Autodidacta, conoces el fallo del discurso.
Aun así sueles leerlo con todas tus faltas.
Recuerdas escenas falsas o desconocidas.
Al final se convierte en familiar la carga.
Estricta lógica la de tus castigos.
Sin guardar perdón a la primera persona.
Me gusta si no sabes nada, tan bonita.
Que pequeñita te quedas a oscuras.





Podré ser la ola, sólo si me rompo.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Buenas noches Cocodrilo.

Te echa de menos, esa que dormía contra la pared.
yo la riño y zarandeo, pero al final nos abrazamos.
No sabe llorar silenciosa y le queman de lágrimas los ojos.
Tú te bebes su risa a sorbos, en aquella viña del Señor.
Dejó que le picase un mosquito en una arruga de su izquierdo talón.
Le rajaste la bandera, la que llevaba delante pecho.
Sería más practico olvidarlo todo, quisiera ser pragmática por una vez.
Me guardo el sabor a almendras y la manía de trasnochar.
Tu aversión a los insectos y yo, lepidoptera.
Se escamó la posibilidad en mil pedazos, tantos como imposibles.
Fue entonces cuando la duda se escapó de su rincón.
Conocí tantos lugares como recorridos nocturnos vivieron mis dedos.
Exploté al poder de mis cosquillas, desconocido hasta el momento.
Desarrollaste en mi la virtud de levantar la barbilla a ciento veinte grados.
Era de expertos el engaño, sin duda el mejor hasta el momento.
Apagaste la luz y te fuiste, me dejaste a oscuras. 
Yo no llegaba, ni de puntillas.

Espero que duermas cocodrilo, no se te daba muy bien.