lunes, 21 de octubre de 2013

Soy la tercera persona del singular.


La fabula esquimal, donde solo hacía frío por las mañanas. 
El mérito invisible, que sólo se toca cuando callas.
La ruta en superficies, de pieles a veces poco delicadas.
El ámbar del ocaso, que se desnuda en paredes estancas.
La penúltima canción triste, que se dedica en absoluto silencio.
El primer gesto inconfundible, que se observa con cierto miedo.
La explicación más surrealista, para la historia jamás contada.
El motivo incandescente, escondido en la sombra mejor cincelada.
La moral confusa y transparente, que nos mira entre los dedos.
El recuerdo detonante, la caricia madura y se convierte en beso.
La lección inútil, que se nos antoja demasiado complicada.
El clima tropical, que se emborracha y se confunde con miradas.
La furia más dulce, controlada por nuestros impulsos humanos.
El medio de transporte, que llevó a fundirse un cuarteto de manos.

Puedo decirte poco sobre el tiempo, nunca entendí de relojes.

jueves, 3 de octubre de 2013

Equinoccio.


Enredó los dedos, hasta no saber si se retorcían o se cruzaban. 
Confundió el deseo ingenuo con su única y primaria necesidad, demasiado evidente.
Insomnio frecuente, que se espaciaba entre la calidez de la pared que la abrazaba.
Animal de costumbres insanas, se volvía por las noches silencioso y  marsupial.
Desgarraba sin quererlo las redes imaginarias, su risa se escapó por el hueco menos ancho.
Se retrasó el Otoño porque el calor seguía del Verano enamorado.
Naturaleza visceral, que se dedicó a construir castillos de aire.
Aprendiendo palabras en francés, para disimular con desdén la evidencia.
El camino horizontal era recto, pero eligió cruzar el laberinto.
Solía ser demasiado constante, en tareas equivocadas.
Mente con poder efervescente, de cero a infinito y el santo al cielo.
Dejó de lado la siesta, perdió sus conocimientos sobre la cubertería.
Canciones que huelen a desierto, a dormir y buenas noches.



Besó a tantas letras que se acostó Celeste y despertó Deleste.