jueves, 3 de octubre de 2013

Equinoccio.


Enredó los dedos, hasta no saber si se retorcían o se cruzaban. 
Confundió el deseo ingenuo con su única y primaria necesidad, demasiado evidente.
Insomnio frecuente, que se espaciaba entre la calidez de la pared que la abrazaba.
Animal de costumbres insanas, se volvía por las noches silencioso y  marsupial.
Desgarraba sin quererlo las redes imaginarias, su risa se escapó por el hueco menos ancho.
Se retrasó el Otoño porque el calor seguía del Verano enamorado.
Naturaleza visceral, que se dedicó a construir castillos de aire.
Aprendiendo palabras en francés, para disimular con desdén la evidencia.
El camino horizontal era recto, pero eligió cruzar el laberinto.
Solía ser demasiado constante, en tareas equivocadas.
Mente con poder efervescente, de cero a infinito y el santo al cielo.
Dejó de lado la siesta, perdió sus conocimientos sobre la cubertería.
Canciones que huelen a desierto, a dormir y buenas noches.



Besó a tantas letras que se acostó Celeste y despertó Deleste.

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